Dueño de la finca, ajeno a la investigación 

  • Cipriano Sánchez asegura que no ha sido requerido por las autoridades por el caso Luna

 

José Cipriano Sánchez Zavala, dueño de la finca donde fueron asesinados tres menores el pasado 14 de enero, asegura que no ha sido llamado por las autoridades para declarar sobre el caso; indica que desconoce si es investigado por los hechos ocurridos en su propiedad, donde se registró una balacera que tuvo como desenlace el fallecimiento de los tres niños y la detención de Antonio Luna, padre de los menores, acusado por el triple homicidio.

 

En entrevista exclusiva con Radio San Miguel, el dueño de la finca ubicada en Ampliación Cieneguita, señaló que no ha recibido ningún tipo de notificación por parte de la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE), por lo que tampoco ha sido llamado a emitir declaración alguna o colaborar en la investigación. “No me siento culpable de nada, no tengo ningún miedo, y no tengo por qué esconderme”, dijo el propietario del inmueble, quien explicó que desde hace 28 años es dueño del lugar.

 

Sánchez Zavala, se mostró consternado por los acontecimientos, pues aseguró que conoce a la familia Luna Luna e incluso convivió con las pequeñas víctimas. “Todavía no entiendo lo que pasó”, dijo.

 

Cipriano, conocido en San Miguel de Allende como “Don Pollo”, confirmó que Antonio Luna trabajó con él durante dos años como velador de la finca, que era de su entera confianza y por eso llamó al abogado José Luis Vargas para defender a su empleado. Así mismo, dijo que frecuentemente los niños acompañaban al velador, sobre todo los fines de semana, pues consideró que era “un trabajo casi familiar”.

 

Sánchez Zavala también aceptó que le dio un arma a Antonio, luego de que desconocidos habían intentado entrar a la finca. “Era una pistola plateada, tipo revólver, calibre 22, creo… No sé mucho de armas”, explicó.

 

LOS HECHOS

 

Cipriano Sánchez relató que en el mes de diciembre dos mujeres lo buscaron en la finca, a la cual acudía todos los días, y le pidieron que les rentara un departamento que tiene en el lugar, apartado del área donde se ubica el salón de fiestas (donde habitaba Antonio Luna), y que era ocupado como bodega.

Tras la insistencia de las mujeres que decían ser de León, Sánchez Zavala les rentó el lugar indicándoles que sería necesario realizar un contrato, una de las mujeres le contó que le habían abierto su camioneta en León y que por el momento no contaba con documentos por lo que acordaron que el trámite se realizaría después del 9 de enero (fecha en la que oficinas gubernamentales retomarían el servicio a la ciudadanía) para que las inquilinas pudieran obtener sus papeles.

 

El 28 de diciembre les entregó las llaves y el día 2 de enero ya se encontraban habitando el lugar. Cipriano menciona que Antonio Luna regresó de vacaciones el 10 de enero, por lo que le informó que ya había rentado el departamento. “La última vez que las vi (a las inquilinas) fue el 5 o 6 de enero, entré al lugar por herramienta y vi a una de las señoras barriendo, me dio pena acercarme y la salude de lejos con la mano”.

 

Sánchez Zavala asegura que todos los días acudía a la finca en la que ha trabajado por casi 20 años, desde que comenzó a construir. “Siempre hay algo que hacer en el lugar, era como mi hobbie”, dijo el dueño del inmueble que consta de tres cuartos de hectárea, según explica.

 

Narró que la última vez que estuvo en la finca, fue aquel viernes 13 de enero, horas antes de la tragedia. “Me fui de la finca como a las 10:30 de la noche”.

 

LE CAMBIÓ LA VIDA

 

Luego de los trágicos acontecimientos, la vida le cambió a Cipriano Sánchez, como él mismo cuenta. Fue hasta el día siguiente que se dio cuenta que “Toño” le había llamado y escrito mensajes de texto: “Hay una balacera venga pronto”.

 

Indica que intentó comunicarse con Antonio sin obtener respuesta, por lo que acudió a la finca en donde la Policía le prohibió el acceso a su propiedad, fue entonces que llamó a su abogado; un día después se enteró del fallecimiento de los niños.  Tras la balacera, no supo más de las inquilinas.

 

A dos semanas de la tragedia, no ha querido ir al lugar. Un joven se encarga de alimentar a los animales -perros y palomas- que tienen ahí. Supone que la zona sigue bajo resguardo de la Procuraduría.

 

José Luis Vargas, quien fuera el primer abogado de Antonio Luna a petición de Cipriano, indica que la finca continúa resguardada por elementos del Estado, relata que la mayor parte de los impactos de armas de fuego están ubicados en el área del salón de fiestas, donde se ubicaba la familia Luna Luna; “puertas y ventanas están destrozados, hay balazos por todos lados”, sin embargo el departamento que había sido rentado por las dos mujeres no presenta disparo alguno.

 

Cipriano dice desconocer ahora el futuro de la finca. “Si se hubiera caído completa no me importaría; esto me ha derrumbado”.

Author: i.
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